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Absmo inapropiado
No lo se, pero quizás pudo ser así:
Brillaban los centinelas de la sombra allá en el cielo.
Oscilando solitarios por los límites del firmamento
De una noche inexpugnable, sublime noche sin tiempo.
No hay bálsamo posible para cruzar fronteras
Y horizontes de irrealidad. Entre la luz y el hombre.
Solo la elemental distancia de un grito.
La alquimia originaria de un secreto cifrado,
Voz y criatura del asombro, cauce del ensueño.
Quizás todo fue igual antes de nosotros, y
Contemplamos las ruinas de una raza antigua
Torvos ábsides descendiendo desde ámbitos nocturnos
Bóvedas oscuras derramando su pureza.
Aprendimos de una herencia intangible
la ciencia del delirio y la penumbra y
Forjamos en el aire la melodía de existir,
Sus silencios, sus aullidos sin orillas,
El abismo inapropiado de nuestro pensamiento.
Sobre el mármol turbio, sangre de símbolos,
Metáfora desnuda de la ausencia, nuestros rostros reflejados
Con la armonía absoluta de la extrañeza.
Después, con una altiva embriaguez de nosotros mismos,
Comenzamos en el cenit absoluto de la vigilia
El amargo rito del vértigo. Dibujamos transparentes
Signos, profundas runas y círculos imperfectos,
en la piel de un instante sin origen ni rumbo.
Fue una ceremonia extraña, no se, si de nacimiento o de muerte.
Dilatamos el susurro y lentamente fuimos entonando
Himnos desnudos, diamantes malditos de la palabra,
Fuimos despertando al eco hondo de la vida
A los íntimos senderos del sueño de ser hombre.
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